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(¸.•´ (¸.•` ¤ Una de las costumbres que con mayor facilidad nos retratan a los mexicanos, y que más facetas muestran, son las fiestas. Fenómeno social de antiquísimas raíces, reflejan y representan el mestizaje, pues los indígenas y los españoles no sólo mezclaron sus genes, sus comidas y sus lenguas, sino sus religiones, y de la mano de ellas están las fiestas. Casí todas agregan a su advocación católica una reminiscencia precolombina. Así como los manjares mexicanos se enriquecen con los lácteos y las reses con el jitomate, el aguacate, el epazote y el Chile; Del mismo modo como en el castellano de este país abundan los petates, los escuincles, los metates y los zapotes; asi nuestras fiestas de cronología y dogma católicos tienen una liturgia impregnada de ingenuo “paganismo” proveniente de tiempos anteriores al siglo XVI. Caso ejemplar es el Día de Muertos.
Imagínese el lector la
estupefacción, digamos de un inglés no
prevenido, ante nuestros niños jugando el 2 de noviembre con un pequeño e
ingenioso ataúd que, al abrirlo, se levanta de su lecho un esqueleto; o frente
a una orquesta de “muertes” con instrumentos y sombreros; o cuando no sólo infantes,
sino adultos, obsequiamos con cariño (y con cierta cursilería) un cráneo de azúcar a una amiga con su
nombre escrito en la frente. El extranjero no latino que presencia tales
expresiones se quiere morir.
Mas los días de
difuntos, prototipo de la fiesta mexicana, no terminan allí. A los muertos hay
que alimentarlos y esmerarse en la cocina preparando los guisos que más les
gustaban cuando todavía andaban por aquí.
Como todas las fiestas
mexicanas, el Día de Muertos es profundamente vital. No es triste,ni celebra a la muerte.Es alegre y festeja a la vida, por eso las
ofrendas son comestibles, fuente de regeneración, materia de sobrevivencia,
alimentos para florecer. Esas mismas ofrendas ya se hacían aquí mucho antes de
que llegaran los españoles. Y se hacían igual, de flores y de comida para el
placer de los muertos.
Lo cierto es que la fiesta india se
sumaron los santos, a los tamales, los panes, a los jaguares los moros y
cristianos, al palo volador los santiagos. Nuestras fiestas son como nosotros:
indígenas y españoles.
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